Y tú, ¿qué especialidad quieres hacer?

Aunque llevo ya un tiempo diciéndole “Hola” al mundo y a quien me escuche es la primera vez que lo hago como Graduada en Medicina.

En realidad poco ha cambiado desde que recibí mi beca. No me siento distinta a esa chica que entraba ilusionada a firmar su matrícula en una universidad extraña de una ciudad extraña rodeada de gente extraña. No iré haciendo alarde de mi título, ni aquí ni en ningún lado. Porque la veterana que sale ahora de la facultad, al contrario de lo que pensaba la novata, no se sabe el Harrison de memoria. Porque todavía aún pende de papeleo universitario que le dará forma oficial, tal vez porque aún no me hago a la idea de firmar con un imponente “Dra.” delante o tal vez porque todavía queda un MIR por delante para elegir especialidad y formarme en ella.

“Y tú, ¿qué especialidad quieres hacer?” es una pregunta que cada vez gana más protagonismo en mis oídos, por parte de compañeros, familiares, amigos, tutores… y mis ojos ven con cara de asombro la suya cuando les contesto, y las preguntas que siguen son indefectiblemente tres: “¡Qué miedo, esos pacientes!” o “Debes ser muy valiente” o “Pero, ¿estás segura?” . Tres, sí. Habré confesado mis gustos decenas de veces y son éstas. Ni una más.

Sí, lo estoy, ¡quiero ser psiquiatra!

Basta ya de estigmas, de falsos mitos, del temor infundado a los enfermos mentales que bastante tienen con ser precisamente eso, enfermos. Ningún otro paciente se avergüenza de lo que el doctor ha escrito en su informe médico: depresión, trastorno por ansiedad, esquizofrenia, trastorno bipolar, bulimia… Al leer el diagnóstico la mayoría salen de la consulta con pena en los ojos porque “su médico es el loquero”. Eso tiene que cambiar y si este espacio puede servir para que solo una persona mire de manera diferente la Psiquiatría habrá merecido la pena.

No necesito muchas armas médicas, no usaré palitos depresores ni tendré que llevar el fonendo a todas partes, tampoco tendré a mi alcance las herramientas diagnósticas más punteras dignas de ciencia ficción y no habrá contacto físico con la mayoría de mis pacientes.

No es la especialidad más empírica, protocolizada o exacta, no es prestigiosa ni tan siquiera elegante. La fama del psiquiatra sádico e impositivo con sus pacientes tampoco ayuda.  Además, le falta un nombre rimbombante, ahora que parece que cuantas más sílabas tenga una especialidad más impresión produce. Por ejemplo, Microneurocirugía Psiquiátrica Infanto-juvenil iría en cabeza.

Entonces, ¿por qué quiero ser psiquiatra y desde cuándo?

Eso lo dejamos para la próxima entrada, ¿Quién soy yo?

 

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